Referencias literarias a Bogotá

Como escribe Guido Tamayo: “A Bogotá nunca se le atrapa de manera definitiva. No existe una sola crónica, poema, cuento o novela que pueda tomarla en toda su extensión. Es en ese sentido infinita, infinitamente literaria.” Por eso comparto sólo algunas de las referencias literarias que he venido encontrándome por ahí. ¿Conoces alguna? ¡compártela!

Plaza de Bolívar. Fotografía de José Daniel

Plaza de Bolívar.
Fotografía de José Daniel

“Vivo mi Bogotá, la que recorro día a día, con cierto apasionamiento. Rechazo su esnobismo. Me duelen sus desplazados, que garabatean su historia en una cartulina, y sus vendedores callejeros, cargados como pesebres; conozco sus indigentes y sus mendigos, y siento por ellos simpatía o rechazo: adoro ciertas calles, su luz, sus días de sol, sus cafecitos, sus rincones, mis universidades, el centro. Y voy por ella blindada tan poco como puedo, sintiéndola más bien como una piel, que a la vez me acerca y me separa del mundo.”

Encuentros y desencuentros (Piedad Bonnett)

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Barrio La Candelaria. Fotografía de Diana Manrique Horta.

Barrio La Candelaria.
Fotografía de Diana Manrique Horta.

“Bogotá, como todas las capitales latinoamericanas, es una ciudad móvil y cambiante, un elemento inestable de siete y ocho millones de habitantes: aquí uno cierra los ojos demasiado tiempo y puede muy bien que al abrirlos se encuentre rodeado de otros mundo (la ferretería donde ayer vendían sombreros de fieltro, el chance donde despachaba un zapatero remendón), como si la ciudad entera fuera el plató de uno de esos programas bromistas donde la víctima va al baño del restaurante y regresa no a un restaurante, sino a un cuarto de hotel. Pero de todas las ciudades latinoamericanas hay uno o varios lugares que viven fuera del tiempo, que permanecen inmutables mietras el resto se transforma. Así es el barrio de La Candelaria.”

El ruido de las cosas al caer (Juan Gabriel Vásquez)

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“Miro a la cuidad desde el cerro de Monserrate y trato de definir su color. Todas las ciudades nos impresionan con un color. Bogotá es sepia de Ladrillos, es gris azulada de nubes y es de todos los colores como sus flores.

Intento embriagarme con la mixtura de aromas de esta ciudad fragante. Huelo canela y vainilla, ron y café. Se confunden a mi paso el olor de las frituras, el queso de las arepas con los perfumes de rosas, astromelias y cartuchos. Me impregna el rancio y amargo olor de la pobreza en el sur, con el acre y equívoco aroma del dinero, en el norte.

Cerro de Monserrate. Fotografía de NickDundee

Cerro de Monserrate. Fotografía de NickDundee

El invierno persistente acaricia con su brisa. La niebla de Monserrate penetra y se confunde con las nubes. Como oscuros campanarios de lejanas catedrales se levantan los pinos en los cerros…

Bogotá mujer, estalla en llanto sin conocer las razones. De repente llueve y llueve. Y la lluvia lava culpas y nos roza suavemente.”

Bogotá (Ana María Unhold)

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Bogotá, mía (Darío Jaramillo Agudelo)

Bogotá tiene ángel,

un ángel que no está en las calles desangeladas,

un ángel que no habita en su mezquina arquitectura,

un ángel que no ven los que conducen un monstruo

de dos mil kilos de metal

sin piedad quemando gasolina.

Bogotá tiene ángel,

un ángel que no se funde con las piedras,

un ángel que nunca ha sido de ladrillo,

un ángel verdadero y por eso invisible.

Bogotá tiene ángel,

un ángel que la mira desde el cielo azul o gris,

un ángel que seca el aire,

un ángel que refrigera el aire,

un ángel que es de aire,

inasible y presente,

un ángel que solamente sienten

aquellos que han amado esta ciudad sin atributos

Bogotá mía

¿Quién paga este cielo azul sin una nube?

¿A quién se le ocurrió esta luz sin luz entre las calles,

este resplandor de azul perfecto

minutos antes de la noche?

¿Cómo te pagaré, Dios mío, este prodigio?

Te debo este color que es tuyo,

El azul más sereno del azul de los cielos,

El azul que este poema recuerda sin lograr recordarlo

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Calle de la Candelaria que lleva al Chorro de Quevedo, lugar emblemático de Bogotá, donde se fundó la ciudad. Fotografía de DMH

Calle de la Candelaria que lleva al Chorro de Quevedo, lugar emblemático de Bogotá, donde se fundó la ciudad.
Fotografía de DMH

“Recorro, por no decir escalo, el barrio de La Candelaria. Sus cuestas son una combinación de pasado colonial y juventud universitaria. Por todas partes se ofrecen los bares, los centros culturales, los restaurantes, los teatros, la mala buena vida. Aquí es fácil sentirse bogotano.”

Cómo viajar sin ver (Andrés Neuman)

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“A Bogotá hay que penetrarla con paciencia, con destreza de amante curtido. Su cuerpo no tiene sosiego ni brújula. Es vibrante y compuesto por mil bifurcaciones que hacen ingenuo a un guía. Impostores a sus cicerones. Farsantes a sus lazarillo. Inútiles sus pistas.

Es implacable con aquellos que furtivamente desean usufructuarla. Bogotá no posee superficie sino capas cambiantes. No es fácil volver al mismo sitio. Lo que creemos realidad es espejismo y el orden un sofisma. Tiene más talento para ocultarse que para develarse. Es un magnífico territorio para perderse.

Fabricante de guitarras. Fotografía de DMH

Fabricante de guitarras.
Fotografía de DMH

No existe una sola música que no posea. Siempre habrá un lugar en donde escuchemos aquello que buscamos. Ella misma es hacedora de música: el estruendo citadino de John Cage; el silencio reiterativo de Philip Glass; las mil formas del rock; la pausa andina; el desenfreno Caribe y el ogullo Pacífico; entre todas forman una sinfonía sin partitura, una sinfonía del nuevo mundo, al decir de Messían.

A Bogotá nunca se le atrapa de manera definitiva. No existe una sola crónica, poema, cuento o novela que pueda tomarla en toda su extensión. Es en ese sentido infinita, infinitamente literaria.”

Bogotá, un amor esquivo (Guido Tamayo)

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10 pensamientos en “Referencias literarias a Bogotá

    • Gracias por tu comentario Paola. Hace tiempo tenía pendiente hacer post con la recopilación de los textos referentes a Bogotá que me había encontrado en mis lecturas. Todavía se han quedado algunos por fuera, así que seguramente haya más adelante un nueva entrega.

  1. QUE BIEN DIANA, TODAS LAS REFERENCIAS QUE TRAES A COLACIÓN, EL CENTRO CAPITALINO COLOMBIANO, ES EL PULMÓN DE MUCHAS HISTORIAS POLITICAS, SOCIALES , ACADEMICAS , ECONOMICAS Y CULTURALES,

    • Es curioso Víctor, pero las dos ciudades que tengo más cerca de mis afectos no son las ciudades donde nací, sino las ciudades que me abrieron sus puertas, que me acogieron: Bogotá y Madrid. Las ciudades donde me he hecho periodista, donde he amado, rumbeado, donde he construido amistades maravillosas. Imposible no quererlas ni sentirlas con la intensidad que las siento y quiero. Gracias por tu comentario.

    • Y a mi me alegra mucho encontrarme con este comentario tuyo. Bogotá ocupa un lugar de honor en mi vida ¿cómo no darle un espacio importante en las cosas que comparto? Gracias por tu enhorabuena. ¡¡Un abrazo inmenso!!

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