Creencias, obstáculo para donar órganos

Más de 2.000 personas en lista aguardan una llamada esperanzadora para el trasplante de órganos o tejidos. Un estudio realizado por la Universidad Nacional en cinco ciudades revela las actitudes y creencias que atentan contra la cultura de la donación. Aunque el 90,6 % de encuestados están de acuerdo con el procedimiento, el 49,53 % no lo aceptan en casos de muerte cerebral o encefálica, pues la consideran un estado reversible. Mi artículo en UNPeriódico, edición de abril.

Fotografía de Catalina Torres.

Fotografía de Catalina Torres.

Doña Aminta supo qué era la donación de órganos la mañana en la que el dictamen médico confirmó que su hijo Fernando, de 21 años, tenía muerte cerebral. Con el rostro aún transformado por el dolor, atendió la explicación que el coordinador operativo de trasplante le dio respecto a la posibilidad de que este paciente contribuyera a salvar la vida de otras personas.

Para dar el consentimiento, le bastó con recordar que desde los 12 años su único hijo había dejado de ser un niño juicioso y buen estudiante para convertirse en un temido delincuente. Por eso no lo dudó: los órganos de Fernando servirían para resarcir parte del perjuicio causado.

“Cuando el doctor me dijo que los órganos y tejidos del cuerpo de mi hijo podrían salvar hasta 55 vidas, pensé en todo el bien que haría después de muerto”, afirma esta mujer de 60 años, cuya mirada sosegada refleja la satisfacción de su decisión.

Doña Aminta es ejemplo de cómo un proceso de donación de órganos llega a buen término; desafortunadamente, no todas las gestiones finalizan así. Un estudio del Grupo de Trasplante de Órganos y Tejidos Humanos de la Universidad Nacional de Colombia (UN), con 600 ciudadanos de Bogotá, Medellín, Cali, Bucaramanga y Barranquilla, concluyó que aunque el 90,6 % de ellos acepta la donación de órganos, la mitad (49,53 %) no asume la muerte cerebral o encefálica como un hecho irreversible y equivalente de muerte.

Este hallazgo constituye un reto para los investigadores, ya que, históricamente, del total de trasplantes realizados en el país cada año, entre el 90 % y el 93 % se realizan con órganos de donantes con muerte cerebral. Se debe aclarar la confusión entre esta condición, el estado de coma y el vegetativo, en los cuales se mantiene la actividad cerebral, aunque sea leve.

Según explica el profesor Eyner Lozano Márquez, director del grupo adscrito a la Facultad de Medicina de la UN, la muerte en los seres humanos se da de dos maneras: cardiaca y encefálica. En el primer caso, la mayoría de personas comprenden que si el corazón deja de latir, la persona muere; pero en el segundo, se suele pensar erróneamente que es un hecho reversible.

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