Y de repente han pasado tres años y medio

El 2 de julio de 2013 aterricé en el nuevo y moderno aeropuerto El Dorado de Bogotá, pensando en que regresaría a Madrid mes y medio más tarde. Sin embargo, hoy mientras contemplaba la ciudad a lo lejos pensé: ¿en qué momento han pasado tres años y medio?

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Panorámica de Bogotá.

En este tiempo han sucedido cosas muy interesantes en mi vida, no sólo en lo laboral sino también en lo personal. Tener a mi familia más cerca, ha sido una de las más importantes. Ya no solo puedo pensar: quiero ver a mi mamá, sino que puedo pensarlo y hacerlo. Cada vez que estamos juntas recostadas en sus sillas mecedoras hablando o en silencio, o cada vez que comparto con mis sobrinas, pienso que valió la pena volver. Aunque la muerte ya ha venido a visitarnos, y bueno a esa “jedionda” no se le puede cerrar la puerta. Ella llegó sin avisar.

Sin embargo, pese a mi renuencia inicial no he podido escapar del ritmo vertiginoso con el que se vive en este país, pero especialmente en esta ciudad cuando se es empleado o contratista. Jornadas extensas, fines de semana cortos, pero también amaneceres y atardeceres bellísimos contemplados desde la ventana de la oficina que me ha correspondido.

Me gusta mi trabajo y haber regresado al periodismo científico. Me gusta haberme reencontrado con algunos de los profesores con los que tiempo atrás mantuve relaciones personales y profesionales sumamente enriquecedoras. Me gusta el equipo de profesionales con los que trabajo, gente joven, profesional, capaz, pero sobre todo buenas personas, amables y respetuosas.

A la Oficina de Prensa de la Universidad Nacional de Colombia (UN) me vinculé primero como periodista, luego, en 2014 fue coordinadora de la Agencia de Noticias de la UN, la única agencia de noticias del país, cuya mayoría de información es positiva, pues se centra en los resultados que la ciencia y la tecnología ofrece.

Desde 2015 soy la coordinadora periodística de UN Periódico, el periódico de la Universidad, circula con el diario El Tiempo, y también único en su tipo. Aunque a veces las jornadas son agotadora, este tiempo he podido corroborar cada día el papel que juega en este país, su principal institución pública de educación superior y es maravilloso tener la oportunidad nuevamente de formar parte de ella y dejar que me permee. La verdad es que este lugar le arrebata a uno el corazón.

Y también Bogotá cautiva, a pesar de las malas noticias de todos los días que hacen pensar que esta ciudad no tiene remedio. Pero sí lo tiene, lo que pasa es que todo es tan complejo en este país que alcanzar la estabilidad en tantos ámbitos es una tarea titánica. Me gusta estar aquí, me siento tranquila. Además, la vida me ha permitido reencontrarme con personas maravillosas que me nutren con su amistad y aprecio. Tres años y medio, y sumando…

 

 

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